Una vivienda, una casa, un piso, un apartamento… (tanto propio como en alquiler) es el lugar que nosotros hemos elegido para habitar, pero… ¿le hemos consultado antes de entrar?

Igual que llamamos a un timbre para entrar a una casa, una de las cosas que deberíamos hacer, y no hacemos, es conectarnos con los guardianes de cada espacio y con el propio espacio para conseguir una convivencia sana, limpia y feliz.

Son muchos los jardineros y agricultores que les hablan, e incluso les cantan, a sus plantas y cultivos y, con el paso del tiempo, hemos interiorizado este acto como algo común.

¿Por qué no trasladar este mismo acto de empatía a nuestros hogares? ¿Cuántas veces hemos colgado un cuadro en un mismo lugar y se ha caído? ¿Cuántas veces hemos puesto un piso a la venta y no se ha vendido? ¿Les hemos preguntado su opinión antes de realizar estas acciones?

Empecemos por sentarnos o tumbarnos y cerrar los ojos en nuestra vivienda, a continuación visualizarla mentalmente, y cuando obtengamos el estado de calma adecuado preguntemos a nuestra vivienda su nombre.

¿Sabías que todos los espacios tienen un nombre? Jairo, Isabel…

Y una vez hechas las presentaciones, dejémonos llevar y entablemos una conversación con ellos. Escuchemos todo aquello que quieren decirnos y que hasta ahora no han podido porque no han tenido opción y comprobaremos como, desde ese momento, todo fluye en nuestros espacios y nuestras sensaciones y percepciones se agudizarán a la más mínima señal que nos envíen.

Sanar nuestros hogares y a nosotros mismos, como habitantes de estos lugares, propiciará un elevado estado de vibración en nuestro espacio y en nuestro ser.

Vamos a darnos el permiso de intentarlo y comprobar sus beneficios.